31/07/2008
En broma le digo tamagotchi a mi hija en alusión a las mascotas virtuales, pues cuando se tiene niños es lanzarse de lleno a todas las emociones y por el puro gusto, a quien lo haga por otros motivos o planes debe estar consciente que se le puede voltear la moneda de repente. Es dar y dar y agradecer cuando se recibe y cuando no…llorar y dar.
Un cliché común de la psicología es que la raíz de nuestros más grandes traumas está en nuestra madre. Me pregunto si será igual con nuestra niña, si tendrá el doble de traumas graves al tener dos mamás, si al crecer nos llamará para contarnos los cambios en su vida, si vernos será motivo de alegría como lo es ahora. Con respecto a eso mi mujer me pregunta de vez en vez que qué pasará si un día nuestra niña nos odia (más allá de la típica aversión/vergüenza que de adolescentes tenemos de nuestros padres) pienso y le contesto siempre que si la educamos bien y le enseñamos a apreciar el amor que le damos no pasará, pero si la educamos mal nos mereceremos sus desplantes por mensas. En este último caso estoy consciente de lo mucho que nos lastimaría cerrarle la puerta y de lo definitivo que sería.
Seamos honestas, no conozco casos de mamás lesbianas con hijos mayores de 20 que se lleven de maravillas con ellos sin condiciones o favores de por medio –aunque seguro por ahí deben andar- ¿Hasta dónde se debe intentar tener cerca a alguien que quieres pero lastimas o te lastima? ¿Tendríamos el valor de cerrarle/abrirle la puerta a nuestros hijos cuando sea necesario? ¿Tendrán el valor de cerrarnos/abrirnos la puerta cuando sea necesario? Trato de no pensar, de estar en el presente, pero hay que prever y preparar para el futuro. Rezarle al sentido común para que nos ayude pero queda la duda aunque se esconda: ¿triunfa siempre al final el amor que das? ¿Vale más el presente que vivimos o el final?





