
Amélie Nothomb nos explica sobre algunos de sus intentos para llamar la atención de una niña italiana bellísima llamada Elena, la cual está plenamente conciente de lo bella que es y eso la hace tratar a Amélie de manera sumamente indiferente, así que la heroína empieza a fantasear con que pasen tragedias a la gente que rodea a Elena para poder comunicárselas y así llamar la atención de su amada.
...El dolor azotaría tu rostro: visión que me henchía el corazón y que me hacía amarte todavía más.
Sí amada mía, sufres por culpa mía, no es que me guste el sufrimiento, preferiría proporcionarte felicidad, pero he comprendido que no es posible, para que pudiera proporcionarte felicidad antes tendrías que amarme, y no me amas, mientras que para darte infelicidad no hace falta que me ames, y, para hacerte feliz, antes tendrías que ser infeliz -y cómo hacer infeliz a alaguien feliz-, así pues, tengo que conseguir que seas infeliz para tener una posibilidad de, más adelante, hacerte feliz, de todos modos, lo que importa es que yo sea la causante, amada mía, si pudieras sentir por mí la décima parte de lo que yo siento por ti, sería feliz de sufrir ante la idea del placer que me proporcionas sufriendo...
Finalmente su mamá le da un excelente consejo:
...Entonces mi madre se enfrascó en una explicación de las leyes del universo. Dijo que, en este mundo, había personas muy malas y, en efecto, muy seductoras. Afirmaba que, si quería ser amada por alguna de ellas, sólo existía una solución: yo también tenía que portarme como una malvada con ella.
-Debes comportarte con ella igual que ella se comporta contigo.
-Pero eso es imposible. Ella no me ama.
-Si eres igual que ella, te amará.
Entonces aprendimos, primero, que a veces lastimamos a quien amamos con tal de obtener una reacción que no sea la indiferencia y segundo, que hay personas que sólo te ponen atención si las tratas indiferentemente.
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